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Solo los Grandes necesitan Gestión de Energía ¿o no?

En México, una gran mayoría de empresas aún no cuantifican el impacto en su margen operativo debido a las tarifas eléctricas en los últimos 19 meses.  La vía tradicional es ver el efecto inflacionario acumulado (nada despreciable), lamentarse por el deterioro de los números y tomar acciones conocidas para recuperar el rumbo.  Pero ¿cuántas palancas dentro del gasto operativo son accionables con alta probabilidad de éxito en el corto plazo y que a su vez no incluyan la pérdida de talento?

Hay una caja negra en la que empresas con poca “intensidad energética” simplemente dan un cheque en blanco todos los meses.  Típicamente a la CFE pero hoy en día, también a su proveedor preferido de energía eléctrica.  Muchos giros empresariales aún no ven la importancia y el valor de implementar programas de gestión de energía en sus organizaciones.  Podemos justificar esta realidad de muchas formas, sin embargo y desde mi punto de vista, se base en esta pequeña historia:  antes del 2015 las tarifas eran sumamente estables y predecibles, en 2015 la primera señal de la Reforma Energética nos llevó a todos al paraíso, bajando las tarifas al mínimo histórico y dándonos la tranquilidad de que el cambio temido solo traería cosas buenas (sin una sola planta de generación nueva conectada la red); a partir de Mayo 2016 se dio el punto de inflexión y desde entonces,  las tarifas van encaminadas a ser lo que serán de ahora en adelante: un producto de mercado.

Los grandes lo vieron, lo sintieron y lo expresaron.  En su reporte financiero del 1T2017, FEMSA Comercio (OXXO) reportó “el incremento en las tarifas de energía eléctrica que han venido sucediendo desde la segunda mitad de 2016” como el segundo factor más importante en la disminución de su utilidad operativa.  De la misma forma como en 2015 tuvimos una inflación ridículamente baja (2.13%), las tarifas eléctricas ahora también contribuyen al otro lado de la balanza para la inflación acumulada en 2017 (6.35%).

Pero ¿qué está en nuestras manos y qué no?, lo primero es darse cuenta que vivimos y operamos en un contexto completamente distinto tanto local como global.   Empecemos por lo menos evidente, el telón entre la oferta y la demanda del consumo de energía eléctrica se está levantando.  Esto implica que ya no sean los generadores y los monopolios (la oferta), los que impongan sus condiciones y precios a los consumidores (la demanda) de una forma tiránica o se utilicen las tarifas con fines distintos al deber ser del negocio.  Ahora los consumidores no solo tienen la posibilidad de comprar energía en el mercado, si no también y más importante, pueden medir y gestionar su consumo de una forma económicamente efectiva, construir capacidades de Gestión de Energía en sus organizaciones que antes no eran relevantes, y como también generar y acumular energía de forma distribuida para mitigar el uso de la red centralizada en los horarios cuando la energía es más costosa.  La energía eléctrica cada vez más se convierte en una materia prima crítica, gestionable y que su consumo inteligente representa una palanca accionable para mejorar la rentabilidad.

El nuevo contexto también implica cómo los negocios interactúan con los grupos de interés.  Un kilowatt hora ahorrado a través de programas de gestión y eficiencia, tiene un impacto económico, en la huella de carbono del negocio y un impacto en la identidad corporativa y/o cultura empresarial; lograr esto de forma consistente y medible requiere un cambio y un compromiso del liderazgo interno. Se acabaron los tiempos de sembrar árboles una vez al año, hacer obras de responsabilidad social para generar contenido en los reportes de sustentabilidad o promover la semana del ahorro de energía. Hoy los negocios pueden empoderar a todas las áreas, primordialmente las de operaciones, con información en tiempo real y la construcción de capacidades de gestión de energía, estas, por cierto, complementan perfectamente a las capacidades funcionales del negocio…. si no, pregúntenle a una cadena de autoservicio que no cuente con capacidades funcionales de gestión de energía.  La medición del desempeño incorpora objetivos de ahorro de energía y potencia, disciplina operativa y aportación a la red de aprendizaje, esta última, es el centro en donde se comparten las mejoras prácticas, los estándares de operación y los hallazgos de mejora continua en toda la organización.

Los Grandes son los que ven esta posibilidad y están un paso adelante tomando decisiones al respecto, entienden la implicación de construir una organización en la que el uso eficiente de los recursos energéticos sea cuestión del día a día.  Lo capitalizan económicamente y también a través de todos sus grupos de interés; saben que la negociación de procura de energía será cada vez más dinámica, con más participantes y más alternativas.  También, representa el primer paso a incorporar tecnología para generar y acumular energía eléctrica forma distribuida y económicamente lógica, así como prepararse para dar servicio al transporte electrificado de sus clientes y colaboradores.  Saben que su consumo de energía crecerá, no solo porque ellos crecerán, sino porque la electrificación del todo hace sentido, de la misma forma como hace sentido ser eficiente y optimizar la forma como consumimos la energía eléctrica todos los días.

“La demanda de electricidad en México se espera crezca 60% entre 2016 y 2040 gracias a un fuerte crecimiento económico, sin embargo, el país se convierte 29% más eficiente en la forma como utiliza la energía en ese mismo período de tiempo” New Energy Outlook 2017, Bloomberg New Energy Finance.

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